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Gustad y Ved Parte I
Por Dave Hunt Agosto 2004
Hemos comentado en el pasado sobre el material religioso mortal conocido como sacramentalismo: la creeencia de que las cosas materiales y los rituales canalizan la gracia de Dios y el poder espiritual a los hombres. Tal es el serio error de la “transubstaciación,” la idea de que el clero romano católico pueda y deba cambiar las obleas y el vino, en el cuerpo y sangre de Cristo para que el “Sacrificio de la Misa” sea efectivo. La iglesia [católica] condena al infierno a cualquiera que rechace este dogma: “Si alguien dice que por los sacramentos de la Nueva Ley la gracia no es conferida ex opere operato [por el hecho mismo], sino que la fe solamente en la divina promesa es suficiente para obtener gracia, que sea condenado [eternamente condenado].” Esta “Nueva Ley” consta de 1.739 reglas en mas de 1.000 hojas de las Leyes Canónicas del Código del Vaticano.
La Biblia, de todos modos, enseña de la gracia de Dios, sea en salvación, santificación, o provisión para vivir para Su gloria, viene al hombre por fe: “porque por gracias sois salvos por medio de la fe (Efesios 2:8);” “más el justo vivirá por la fe (Hab. 2:4; Heb. 10:38)”; “Porque por fe andamos (2 Cor. 5:7),” etc. Las cosas físicas de este mundo pueden ilustrar, pero no pueden sustituirla, o jugar el papel de, las realidades espirituales de Dios y de Su gracia, las cuales uno solo puede recibir por fe.
También, es el caso del error del “bautismo de regeneración”: el creer que el bautismo tiene poder eficaz y es esencial para la salvación. No solamente los católicos, sino por lo general los luteranos, calvinistas, y otros que también son participes en variado grado de herejía a través de esta práctica del bautismo infantil.
Hemos mencionado el pequeño catecismo de Martín Lutero (que siguen los grupos luteranos hoy en día, incluyendo el Missouri Synod): “El Santo Bautismo es la única manera por la cual los infantes...pueden normalmente ser regenerados...producir perdón de pecados...liberar de la muerte y del diablo [y] dar salvación eterna...” Calvino dijo, “Dios en el bautismo promete remisión de pecados...regenerándonos...nos hace suyos por adopción...dejemos entonces abrazarlo en fe.”
Por lo contrario, no hay poder en el agua (o cualquier cosa física), o en su uso “sacramental.” El hombre no es simplemente un cuerpo, sino alma eterna y espíritu-sin embargo este mundo le presta al cuerpo moribundo toda la atención. Lamentablemente, esto también es verdad entre una gran mayoría de los llamados cristianos. Tal materialismo religioso roba a sus seguidores de la verdad y la vida.
Nosotros necesitamos vida espiritual – ¡y no cosas físicas o ceremonias con ellas como el medio para ese fin! De otra manera uno podría simplemente confiar en la “buena suerte” de la pata de conejo como una esperanza para beneficiarse espiritualmente: de un escapulario católico, medalla, crucifijo, o reliquia de un “santo” reconocido. Y cuanto más la “adoración” es creada por la señorial ropa pastoral y otra equiparación religiosa ¿incluso en las iglesias evangélicas? Como Jesús dijo, la verdadera adoración de Dios solo puede ser en “espíritu y en verdad (Juan 4:24.”
Sí, hubo un tabernáculo físico (el cual fue el Templo de Salomón) que contenía objetos especiales usados por los sacerdotes en adoración y servicio ante Dios. Pero estos fueron diseñados específicamente por Dios para los judíos como “figuras de las cosas celestiales...figura del verdadero (Heb. 9:23-24)” Lejos de que hubiera algún valor espiritual en aquellos objetos y sacramentos en sí mismos, estos fueron “símbolos para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto... [pero fueron] ordenanzas acerca de la carne, impuestas...hasta el tiempo de reformar las cosas (Heb. 9:9-10).” Ese tiempo vino cerca de 2.000 años atrás, con el cumplimiento de este tipo en la muerte, sepultura, resurrección, y ascensión de Cristo.
Todo esto contribuye a describir varios aspectos del sacrificio a venir de Cristo a través del cual solamente el perdón de pecados, salvación, y reconciliación para con Dios puede venir. Estas “ordenanzas carnales” fueron descartadas después que Cristo hubo cumplido con ellas: “Pero Cristo... [no] por la sangre de machos cabrios ni becerros, sino con su propia sangre... porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo... y no para ofrecerse muchas veces... De otras manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces... pero ahora... se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado (Heb. 9:11-28)” Así, en el interior “el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo (Mateo 27:51)” en el momento que el sacrificio de Cristo en la cruz fue terminado. El capitulo 10 de Hebreos declara que el hecho por el cual los sacrificios del Antiguo Testamento tenían que repetirse día tras día prueba que nunca podían pagar la penalidad por los pecados del hombre. El escritor argumenta, “¿De otras manera cesarían de ofrecerse (Heb. 10:1-2)?” Tampoco puede el “sacrificio de la Misa” romana católica pagar por los pecados, como la interminable repetición lo prueba.
Estas representaciones del Antiguo Testamento contrasta entonces con el verdadero sacrificio de Cristo: “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios... porque por una sola ofrenda hizo perfecto para siempre a los santificados... no hay [entonces] más ofrenda por el pecado (Heb. 10:12-18)” El clamor de nuestro Señor desde la cruz, “consumado es,” ¡fue Su triunfante declaración de que Él había pagado completamente la penalidad por los pecados del mundo!
Uno acepta el pago de Cristo y el perdón y el hogar en el cielo que Él compró con Su sangre y ofrece a todos los que lo reciban, o rechazarlo y pasar la eternidad en el lago de fuego, personalmente soportando el infinito juicio de Dios. El aceptar el pago de Cristo, uno debe creer en Cristo: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo (Hechos 16:31)”, “por gracia sois salvos por medio de la fe (Efesios 2:8)”. ¿Creer qué? El evangelio: “que Cristo murió por nuestros pecados de acuerdo con las escrituras... fue sepultado, y ... se levantó al tercer día de acuerdo a las escrituras... (1 Cor. 15:1-4)”. El evangelio solo es “poder de Dios para salvación a todo aquel que cree (Rom. 1:16)”. Esta familiar y simple verdad es olvidada, comprometida, pervertida, y corrompida entre muchos que dicen ser evangélicos “nacidos de nuevo” – e incluso desprecian hoy, como algo muy aburrido, el alcanzar a los jóvenes. Pero esta “sana doctrina” es (1 Tim. 1:10; 2 Tim. 3:16; 4:2-5;Ti. 2:1) esencial para “vivir en santidad (2 Pe. 1:3)”. Por esto nosotros debemos “contender ardientemente (Judas 3)”, ¡esta es nuestra vida! ¿Pero en qué la “sana doctrina” está relacionada con la simplicidad del evangelio? Para Cristo cumplir cientos de profecias del Antiguo Testamento como prueba de que Él era el Mesías prometido, y pagar la penalidad infinita por toda la humanidad, Él tenía que calificar en una manera muy especial y vital: el de ser Dios eternamente, sin principio ni fin; uno que llegó a ser y es para siempre, a través del nacimiento de una virgen, un hombre de verdadera sangre y carne – Dios-hombre “manifestado en la carne (1 Tim. 3:16)”.
Jesús claramente declaró la necesidad de creer que Él es Dios: “Si tu no crees que yo soy [Ej. el YO SOY de Éxodo 3:14] vosotros moriréis en vuestros pecados [y] a donde yo voy, vosotros no podéis venir (Juan 8:24, 21)”. Aunque hay miles de aquellos que dicen ser cristianos “nacidos de nuevo” y que niegan que Cristo es Dios. Ellos no son cristianos. En las palabras mismas de Cristo, ellos no irán con Él al cielo. ¡Nosotros debemos avisarles!
Cristo es claro en la necesidad de creer que Él es Dios y un hombre real de carne-y-sangre: “Si no comieréis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros (Juan 6:53)”. ¿Comer Su carne, beber Su sangre? ¿Habrá querido decir esto literalmente? En realidad, “comiendo y bebiendo” son metáforas para venir a Cristo y creer en Él: (Juan 6:35, 40, 47-51). Esto es lo único que el puede significar al decir, “asi mismo el que me come, él también vivirá por mí (Juan 6:57)”.
Católicos, luteranos, y muchos calvinistas dan a estas palabras un significado por el cual el cuerpo físico y la sangre de Cristo debe ser ingerida en el estómago. Esto es supuestamente posible para los católicos a través de la magia de la “transubstanciación”, para los luteranos a través de la “consubstanciación” (Ej. Que el pan y el vino simplemente son el cuerpo y la sangre de Cristo), mientras Calvino enseñó que al ingerir el pan y el vino impartían el cuerpo físico de Cristo y su sangre a los creyentes.
El error es simple, aunque letal: falla de entender que Cristo, como siempre hablaba a las multitudes (Mateo 13:34), estaba enseñando verdades espirituales a través de ilustraciones físicas. Cuando el dijo, “Yo soy la luz del mundo (Juan 8:12)”, o “Yo soy la puerta (Juan 10:7)”, o “Yo soy el buen pastor (Juan 10:14)”, o “Yo soy el verdadero vino (Juan 15:1)” ¿alguien que lo escuchó entonces, o debería alguno ahora, imaginarse que estaba hablando literalmente? ¡Por supuesto que no – y por una buena razón! Para que Cristo sea literalmente, luz física, puerta, pastor, viña, pedazo de pan, etc. No solamente sería absurdo sino que no tendría ningún beneficio espiritual y eterno para nadie!
Así que cuando Cristo dijo, “Yo soy el pan de vida; el que a mi viene, nunca tendrá hambre; y el que en mi cree, no tendrá sed jamás (Juan 6:35)”, católicos, luteranos, y calvinistas admiten todos que Él no se refirió a ser un pedazo físico de pan. Tampoco el estaba hablando de hambre o sed físicas. Obviamente, entonces, el siguió diciendo “Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de el come, no muera (Juan 6:50)”, Él ni quiso decir pan físico, ni muerte física, ni comida física. Él estaba comunicando una verdad espiritual eterna.
Así debe ser también cuando dijo, “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo (Juan 6:51)”, el “pan vivo” es claramente una metáfora, como lo es su decir el “pan vivo” es Su “carne”. Claramente, el “comer” simboliza creer que “Jesucristo ha venido [una vez y para siempre] en carne (Juan 4:2,3)”. Él es Dios y genuinamente carne humana. Todo esto debe quedar claro.
Aunque cuando Cristo en la misma oportunidad dice, “sino coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros (Juan 6:53)” ¡Roma insiste que Él significó literalmente comer y beber Su cuerpo físico y sangre! Pero Su sangre fue derramada por los pecados en la cruz y Su cuerpo resurrecto no tenía sangre de la cual alguien bebiera. Tampoco ninguno podía “comer” Su resurrecto cuerpo glorificado que Él habita a la diestra del “Padre”. ¡E imaginarlo a Él regresar a Su cuerpo anterior a la resurrección así puede ser “comido” físicamente, es participar en fantasía y blasfemia! Es más, el ingerir el cuerpo físico y la sangre de Cristo en el estómago de uno, esto no puede traer mas vida espiritual que el ingerir cualquier comida física.
Aunque Roma declara que a pesar de Cristo estar a la diestra del Padre, sus sacerdotes pueden traerlo en Su cuerpo previo a la crucifixión a los altares católicos para ser “inmolado” (hacerlo sufrir Su sacrificio en la cruz) una y otra vez por el pecado. ¡Este penoso error roba a aquellos que lo creen de la verdad espiritual y de la vida eterna que Cristo ofrece y les da a cambio del pan y el vino en sus estómagos!
El mismo mal entendido hace que los judíos se quejen: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne (Juan 6:52)?” Roma piensa que resuelve el dilema con la “transubstanciación”, así que el cuerpo y la sangre de Cristo son ingeridas “bajo la experiencia del pan y el vino”. Pero Cristo fue claro en cuanto a que Él hablaba verdad espiritual: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida (Juan 6:63)”. Las palabras e ideas expresadas no son físicas, sino espirituales.
Satanás trae el hombre a lo físico y lo siega de lo espiritual. Dios explicó a los judíos que les hizo tener hambre en el desierto en orden de enseñarles que, “no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre Deut. 8:3)”. Israel falló el test y fue totalmente absorbido en lujuria física tal que se perdió enteramente la realidad espiritual que Dios quería que su gente disfrutara: “Ha hecho mi pueblo...me dejaron a mi, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas... que no retiene agua (Jer. 2:13)”.
En contraste a la falla de Israel, Cristo en Su tentación en el desierto, no cedió a las promesas de Satanás sobre los reinos de la tierra y sus posesiones y poder. Él mencionó la verdad de liberación “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios (Lucas 4:4)”. Esta es la palabra sobre la cual debemos “meditar día y noche (Salmo 1:2)”, por la cual somos “renacidos... por el evangelio [palabras que] os ha sido anunciada (1 Pe. 1:23, 25)”.
Cristo declaró que Él era la Palabra de vida y que toda la Palabra de Dios hablaba de Él. No por nada Jeremías dijo, “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón... (Jer. 15:16)”. Nosotros necesitamos, momento a momento prestar atención al Salmista: “¡Gustad, y ved que es bueno el Señor... (Salmo 34:8)!” Nosotros deberíamos clamar, “Mi alma tiene sed de Dios... (Salmo 42:2)” ¿Hay alguno al que Él le ofrezca “agua bendita”? ¡No, sino de que tenga el más profundo conocimiento de Él mismo!
¡Qué la pasión de Pablo sea nuestra: “a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte … (Filipenses 3:10)!” Queremos regresar a este tema otra vez el próximo mes. Mientras tanto, meditemos día y noche en Cristo, y en el Padre y en Su Palabra. En este proceso descubriremos que estamos de “fiesta en el pan de vida [y] bebiendo de la fuente mayor”, como dice el viejo himno. TBC
Gustad, y Ved
Título en inglés: “Taste and See” © Periódico Editado en agosto, 2004 por Dave Hunt Publicación: “The Berean Call” P.O. Box 7019, Bend, Oregon 97708-7019, Estados Unidos “[Los Bereanos]…escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” Hechos 17:11
Traducción: Albert Gomez © Permiso de traducción por el Departamento Editorial TBC, Abril 2003 Para más información o preguntas, dirigirse por correo: Palabra Para Hoy, P.O. Box 1213, Fort Lee, New Jersey 07024, USA Correo Electrónico, agomez1@mindspring.com On-line, www.palabraparahoy.net Fax, 201-864-1104 Teléfono, 201-864-6389 A menos que se indique de otra manera, las citas de las Escrituras en este periódico se han tomado de la Reina Valera, revisión 1960. |