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TANTO AMO DIOS
Por Dave Hunt Diciembre 2004
Que maravilloso es pensar que yo soy tan tiernamente amado por Dios, ¡el creador infinito del universo! Esa realidad, si es verdad, es tan imponente, tan formidable, tan asombrosa que nuestras mentes finitas, limitadas están abrumadas por tal pensamiento. ¿Pero, no es esto demasiado bueno para ser verdad? ¿Cómo puedo yo asegurarme que Dios me ama? ¿Y qué significa eso en realidad?
Cuando yo era un muchacho en la escuela dominical me acuerdo que nosotros cantábamos canciones con un fe simple:
Jesús ama a los niños A todos los niños del mundo Blancos, negros, rojos y amarillos
Todos son queridos por Él Jesús ama a todos los niños del mundo.
¿Es ésta canción infantil bíblica? ¡Por supuesto que lo es!
Muchas personas llevaron niños a los pies de Jesús y los discípulos los alejaron. ¿Acaso éstos discípulos eran tan severos que no creían que los niños estaban dentro de los “elegidos”? No, a los discípulos nadie les había enseñado tal concepto acerca de Jesús. El problema de ellos era el mismo problema de orgullo y falta de amor con que Cristo condenaba a los fariseos: “ Pero a ustedes los conozco y sé que no aman realmente a Dios” (Juan 5:42)
Jesús tomó a los niños y los bendijo diciendo: “Dejen que los niños vengan a mí y no le lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos” (Marcos 10:14)
Cristo dijo: “El que ha visto a mí, ha visto al Padre” (Marcos 14:9) Por lo tanto, nosotros sabemos que el amor tan tierno, tan afectuosa y la compasión dada a ésos niños por Dios era una revelación de amor del mismo corazón de Dios hacia todos.
¿Es posible que éstos niños eran un grupo peculiar con un favor especial ante los ojos de Dios? No hay indicación de eso en absoluto. Lo que Cristo hizo y dijo a ellos era indudablemente un reflejo de Su amor hacia “todos los niños del mundo” como la canción dice.
Pero, cuando no somos ya niños inocentes, cuando nosotros sabemos que hemos pecado y somos responsables por cada pensamiento, palabra y acción, ¿qué pasa entonces? ¿Es que el amor de Dios todavía perdura, aún que no seamos merecedores de tal amor? ¿Puede que tal amor de Dios hacia nosotros continúe a pesar de todo? Bueno, si este amor no continuara, no habría esperanza de salvación para nadie. Es prácticamente imposible que, pecadores imperfectos puedan ser merecedores del amor de Dios que es infinito, perfecto y sagrado. Si Dios nos va a amar a nosotros, no es porque, lo que somos nosotros como personas, sino que a pesar de lo que somos nosotros y sólo por lo que Él es.
“Dios es amor” (1 Juan 4:8) El amar es la esencia de Su naturaleza. Por lo tanto, Él no tiene otra alternativa sino amarnos. Y Él ha demostrado ésta realidad al mandar a Su único hijo, a quien Él ama tanto, a morir por los pecados del mundo.
Las Escrituras declaran que la gran manifestación del amor de Dios es el regalo de Su hijo: “Por que tanto amó Dios al mundo, que dio a su hijo unigénito... Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros... en esto conocemos lo que es amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros... en que envió a su hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él... Él nos amó y envió a su hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados...” (Juan 3:16; Romanos 5:8; 1 Juan 3:16; 4:9, 10, etc.)
Esta verdad del regalo de Dios de un salvador para el mundo fue anunciada durante el nacimiento de Cristo: “Les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo” (Lucas 2:10) Aún así, muchos alegan que Cristo murió por los pecados de un número selecto llamado “el electo” o “los elegidos”. Por lo tanto, según ésta manera de pensar y ver las cosas, éstos serían los únicos a quienes el nacimiento de Cristo podría ser “las buenas noticias”.
Esta enseñanza, que está creciendo en popularidad e influencia en la iglesia, declara que la expresión “tanto amó Dios al mundo” realmente significa “tanto amó Dios a parte del mundo”. Obviamente, si Cristo no hubiera muerto por todos, entonces Dios no hubiera podido amar a todos, porque la manifestación de Su amor es la muerte de Su hijo. No existe base bíblica para decir que Dios ama o amó alguna vez a aquellos por quienes Él no murió.
Algunos que han adoptado ésta doctrina, sin embargo, tratan de decir que Dios realmente amó a todos pero no con el amor tan especial que Él reservó para aquellos por quienes Él se sacrificó en la cruz. Pero tal amor que no hace todo lo que puede para rescatar a la persona amada, no es realmente verdadero amor. Es como decirles, hipócritamente, a los destituidos; “Que les vaya bien; abríguense y coman hasta saciarse, pero no les da lo necesario para el cuerpo” (Santiago 2:16)
Peor aún, muchos de los que son partidarios de ésta doctrina, sin ninguna vergüenza, declaran que Dios predestinó multitudes a tormento eterno aún antes de ellos haber nacido, multitudes que Él pudo haber salvado. Ellos dicen que el amor de Dios es demostrado en Su paciencia y bondad temporal hacia todos. No importa cuánto sol y lluvia o otras bendiciones terrestres Él hubiera proveído a éstos no-elegidos, sería irracional decir que Dios los amó en alguna forma.
Cristo declaró: “sean compasivos, así como su Padre es compasivo” (Lucas 6:36) No hay ninguna duda que debe ser uno misericordioso hacia todos los seres humanos, aún hacia ellos que nos odian y nos maltratan.
Esto sólo puede ocurrir porque Dios es misericordioso con todos. Si esto no fuera así, entonces emulando a nuestro padre en el cielo nosotros no necesitaríamos ser misericordiosos con ninguno tampoco. Tampoco se puede decir que es misericordioso de parte de Dios el no proveer salvación a todo el que la necesite. Por lo tanto, podemos estar completamente seguros que Dios ama a todos y ha proveído salvación a todo el mundo.
Otra canción infantil dice así:
¡OH! Si hubiera una sola canción que yo pudiera cantar cuando en Su hermosura yo vea al gran rey, Ésta sería mi canción por toda la eternidad.
¡OH, Que maravilla que Jesús me ama!
Pablo dijo: “el hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí” (Gálatas 2:20) ¿Cómo puede Pablo estar tan seguro que el amor de Dios era para él? ¿Acaso tuvo él una revelación especial en la que él pertenecía al grupo de “los elegidos”? ¿O él simplemente habría abrazado un amor que la Biblia declara que es para todos? No tiene mucho valor el regocijarse en el amor de Dios a no ser que uno esté seguro completamente de que éste amor es definitivamente para él.
Siempre había una gran multitud que se reunía para escuchar a Cristo. Ellos no estaban restringidos a un pequeño grupo llamado “los elegidos”. Muchos de ellos no creyeron en el evangelio y ahora están en el infierno. Y aún así Cristo les dijo a todos ellos: “Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen” (Mateo 5:44) Este mandamiento está basado en la gloriosa verdad que tal somos la actitud de Dios hacia todos nosotros.
Cristo declaró que aún entre los pecadores se aman y son bondadosos entre ellos mismos. Dios, cuyo amor es infinito, nos ordena que seamos benevolentes con todos los seres humanos en la misma manera que Él fue con aquellos que eran pecadores y que se convirtieron en enemigos de Él. Vemos nosotros éste amor en Cristo quien pidió al Padre que perdonara a aquellos que lo crucificaran y a aquellos que se burlaban de Él. (Lucas 23:24) Para que ésta oración se cumpliera, el Padre tuvo que permitir que el pago que Cristo hizo en la cruz por los pecados del mundo, sea accesible a todos aquellos que lo aceptaran.
Numerosas escrituras declaran que Dios ama a todos y desea la salvación de todos. Tales escrituras son cuestionadas por aquellos que niegan que Jesús murió por todos nosotros. Aún las escrituras que son tan claras, son ignoradas o no les dan la merecida importancia: “pues Él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad... quien dio su vida como rescate por todos” (1Timoteo 2:4, 6) A propósito de éste verso, Charles H. Spurgeon observa: “Yo estaba leyendo la exposición de uno que explica el texto como si se leyera de ésta manera, ‘pues Él no quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad’... En realidad el pasaje bíblico realmente dice que es el deseo de Él que todos se salven, así como sería mi deseo... también el deseo de Dios es que todos los hombres se salven, porque decididamente, Él no es menos benevolente que nosotros” (Charles H. Spurgeon, ‘Salvación a través de conocer la verdad’ Enero 1880.
Las Escrituras son abundantemente claras cuando dicen que la razón por la cual muchos van al castigo eterno, no es porque Dios les impide que se salven sino porque éstos han rehusado la salvación que Él ha proveído a través de Cristo. Así como la ley era para todos, así también la salvación es dada a todos aquellos que quebrantan la ley y por lo tanto van a pasar bajo el juicio de Dios.
Dios dio los diez mandamientos no solamente a un grupo selecto sino a toda la humanidad. Pablo declara que: “De hecho, cuando los gentiles, que no tienen la ley...muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo atestigua su conciencia” (Romanos 2:14, 15.
El primer mandamiento es: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” (Mateo 22:37) No sería razonable ni tampoco bíblico que Dios ordenara a aquellos que lo amen con todo su corazón, si éstos no hubieran sido salvados por Cristo y tampoco si Dios no les hubiera manifestado su amor. ¿Cómo podrían éstos (aquellos a quienes Dios no ama) podrían ser ordenados a amar a Dios?
La Biblia declara: “Nosotros amamos a Dios porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19) La única manera en que cualquiera pueda amar a Dios es respondiendo recíprocamente al amor dado por Dios. Por lo tanto, si hubiera algunos por quienes Cristo no hubiera muerto (y aquellos en quienes el amor de Dios no es manifestado), éstas personas no estarían bajo ninguna obligación de amar a Dios. Aún así, todos son ordenados, mandados a cumplir con el primer mandamiento, por lo tanto, Cristo definitivamente murió por todos nosotros.
La Biblia nos asegura repetidamente que Cristo “es el salvador de todos, especialmente de los que creen” (1 Timoteo 4:10); “por la gracia de Dios, la muerte que Él sufrió resulta en beneficio de todos” (Hebreos 2:9) Esta referencia no es sólo a la muerte física sino también habla de la segunda muerte: “El que salga vencedor no sufrirá daño alguno de la segunda muerte...la segunda muerte no tiene poder sobre ellos...la muerte y el infierno fueron arrojados al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte segunda” (Apocalipsis 2:11; 20:6, 14) Sólo Dios pudo haber sufrido tal castigo por el beneficio del mundo. “El mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados” (1 Pedro 2:24)
Esta es la razón por la cual el salvador tuvo que ser “Dios fuerte, Padre eterno” (Isaías 9”6) Jesús dijo: “El Padre y yo somos uno” (Juan 10:30) Para pagar por el castigo que su propia justicia infinita exigía por cada pecado desde Adán hasta el fin del mundo, Él tuvo que sufrir la segunda muerte de castigo eterno, la separación de Dios de toda la humanidad. Esto Él hizo en la cruz en ésas horas oscuras cuando se le escuchó su llanto: ¿“Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?” (Salmo 22:1)
Los sacrificios hechos en Israel que son descritos en el Antiguo Testamento refiriéndose al “cordero de Dios” (Juan 1:29) fueron hechos realidad para satisfacer el juicio de Dios por el pecado. Sólo Él (Cristo) “por medio del Espíritu Eterno se ofreció sin mancha a Dios” (Hebreos 9:14), “Porque Cristo murió por los pecados una vez por todas, el justo por los injustos, a fin de llevarlos a ustedes a Dios” (1 Pedro 3:18)
La relación de Dios con Israel es una representación de la relación que Dios deseaba con toda la humanidad. Unido con Israel, como un esposo se une con una esposa, Israel cometió adulterio con muchos amantes y aún así Él le rogaba a que regresara y que Él la perdonaría y la restauraría (Jeremías 3:1-3; 4, etc.) Que Él amaba a la tierra de Israel y deseaba bendecirla pero no podía por su rebelión es repetidamente demostrada: “Si mi pueblo sólo me escuchara, si Israel quisiera andar por mis caminos” (Salmo 81:13); “Yo crié hijos hasta hacerlos hombres, pero ellos se rebelaron contra mí” (Isaías 1:2)
Dios llama a Israel su viña y la critica por producir uvas agrias a pesar del amoroso cuidado que Él le ha dedicado. Oímos el llanto de su corazón: “¿Qué más se podría hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? Yo esperaba que diera buenas uvas por qué dio uvas agrias?” (Isaías 5:4)
Tal llanto, tal gemido, tal angustia de parte de Dios no tendría sentido si es que Israel hubiera estado cumpliendo lo que Dios había decretado, pero indudablemente ésta queja es motivada por la desobediencia terca del pueblo de Israel.
Cristo usa la misma ilustración: “Así que le dijo al viñador:’Mira ya hace tres años que vengo a buscar fruto en ésta higuera y no he encontrado nada. ¡Córtala! ¿Para qué ha de ocupar terreno? Señor, le contestó el viñador, déjela todavía por un año más, para que yo pueda cavar a su alrededor y echarle abono. Así tal vez en adelante dé fruto; si no, córtela” (Lucas 13:7-9) Los rabinos de la época sabían que Él los estaba acusando. Al mismo tiempo Él estaba reafirmando el deseo de Dios de perdonar si ellos se arrepintieran y regresaran a Él.
Qué tal declaración de Cristo al decir: “Porque tanto amó Dios al mundo... (Juan 3:16) Esa frase “tanto amó” indica un amor tan ferviente, tan ardiente que no se puede explicar y va más allá de la expresión normal. Cristo dijo: “El Padre ama al Hijo” (Juan 3:35) También dice hablándole al Padre: “Yo les he dado a conocer quién eres y seguiré haciéndolo, para que el amor con que me has amado esté con ellos y yo mismo esté con ellos” (Juan 17:26) Este debe ser un amor infinito.
El amor de Dios hacia toda la humanidad también tiene que ser infinito para que Él haya dado “a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él” (1 Juan 4:9) Pablo nos dice: “Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros” (Efesios 2:4) así como tan grande debe ser el amor de Dios hacia el Hijo, así también debe ser el amor de Dios hacia la humanidad ya que sacrificó a su Hijo por nuestra salvación.
Juan exclama”: ¡Fíjense que gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios!” (1 Juan 3:1) Es tan importante que nosotros entendamos, nos deleitemos y experimentemos el amor de Dios y el poder y certidumbre de tal amor y lo declaremos al mundo.
Isaías declara: “Pero el Señor quiso quebrantarlo y hacerlo sufrir” (Isaías 53:10) El Padre quiso quebrantar al Hijo con el juicio que nosotros merecíamos por nuestros pecados, porque Él nos amó tanto. ¡Mantengámonos firmes en la Palabra de Dios y declaremos éste infinito amor sin compromiso ni concesión, a toda la humanidad a través de el Evangelio!
“Tanto Amó Dios”
Título en inglés: “God So Loved” © Periódico Editado en diciembre 2004 por Dave Hunt Publicación: “The Berean Call” P.O. Box 7019, Bend, Oregon 97708-7019, Estados Unidos “[Los Bereanos]…escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” Hechos 17:11
Traducción: José Victor Delgado © Permiso de traducción por el Departamento Editorial TBC, Abril 2003. Para más información o preguntas, dirigirse por correo: Albert Gomez, 309-37th Street, Union City, New Jersey 07087 - USA. Fax: 201-864-1104, Correo Electrónico: wordfortoday@earthkink.net
A menos que se indique de otra manera, las citas de las Escrituras en esta circular se han tomado de la Biblia Reina Valera, revisión de 1960.
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