¿Por Qué?

Por Dave Hunt
Julio 2004

La mayoría de los padres se frustran (o molestan) por la constante pequeña pregunta de los niños: ¿por qué? Que es repetida casi indefinidamente. Toda respuesta provista trae un nuevo inevitable ¿pero, por qué? Incluso los niños mas pequeños reconocen que debe haber una razón para todo. El incanzable ¿por qué? refleja la intense búsqueda por una final respuesta en la cual no hay mas preguntas. Para algunos, esta curiosidad natural empieza con la búsqueda de Dios, el que prometió, “y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón (Jer. 29:13).” Bien a menudo, normalmente, la busqueda no es con todo el corazón, y lo que pudo haber empezado como una busqueda honesta pronto se convierte en una razón invalida (excusas) o cualquier otra cosa.

Mientras los niños van creciendo y las desiluciones se transforman en cinismo, muchos pierden interés en la pregunta vital y sus vidas giran alrededor de la trivialidad mundanal.
La sed spiritual implantada por Dios en el alma por Aquel que “es amor (1 Juan 4:8)” quien hizo al hombre para Si-Mismo, y por el “agua de vida” que solo Cristo puede dar (Juan 4:14; 7:37-39; Apoc. 22:17), malinterpretado como sed del cuerpo, por algo físico. Lo que debería ser un eco de “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo (Sal. 42:2; 84:2)” para ser “estoy sediento por dinero, sexo, placer, éxito, ropas caras, y comidas gastronómicas” – y el vacio aumenta.

En la escuela secundaria y la universidad, se les inculca a los estudiantes a “aprender” que no hay verdad, no hay absolutos, no hay una respuesta final, todo es relativo- Asi que, ¿cuál es el punto de algo? La puerta a la vida eterna es muy angosta para su gusto (Gustad, y ved que es bueno Jehová [Sal. 34:8] parece ser mistico, tonto), asi se suman las multitudes al camino ancho “que lleva a la destrucción (Mateo 7:13-14).” La vida pasa a ser una meta de goce carnal momentáneo – y muchas iglesias, trágicamente participan en esta obsesión mortal, con placer y diversión. Ofreciendo una enseñanza superficial y simplistica para atraer a los jovenes “a Cristo.”

Hay pocos (incluso entre los creyentes) que piensan mucho o se preparan seriamente para la eternidad – Sí, la eternidad. Cualquier obra del Espíritu Santo (convenciendo y redarguyendo “de pecado, justicia, y juicio – Juan 16:8)” que ha hechado raíz en el corazón, es anulada por “pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa (Mateo 13:22).” Y mayor uno es (con pocas excepciones) mas resbaladiza es la inclinación que lo desliza hacia la muerte.

Hay, normalmente, mucha gente no-salva que no se puede escapar de la sobria realidad de que esta corta vida terminará muy pronto- y los cuales temen que les espera en el mas allá. Ellos añoran por respuestas sabias a las preguntas serias que los preocupan en momentos de reflección. Ya no es mas la vanalidad que llena la vida diaria que ellos buscan, sino la respuesta final a las preguntas mas importantes de la vida. Es para estas personas que Pedro nos dice que nosotros debemos estar siempre listos para dar una “razón” por la esperanza que tenemos en Cristo (1 Pedro 3:15). El Señor me ha guiado a muchas de estas personas, frecuentemente se sientan a mi lado en el avión, o al viajar en un taxi, o…¿quién sabe quién?

La mayoría de la gente que ha pensado seriamente acerca de la vida y la muerte sabe que Dios existe. Pero a los que tienen dudas, a estos nosotros podemos rapidamente demostrarles (TBC, agosto 2002). La mayoría de la gente no tiene realmente esperanza en el cielo, así que prefieren creer que la muerte es el fin. Esta desilusión es facilmente descifrada. Nosotros podemos comprobar que somos seres no-físicos que continuamos hacia la eternidad, incluso cuando el cuerpo físico en el cual vivimos es puesto en la tumba (ver TBC de agosto 2002). Este hecho nos lleva a serias consecuencias que deben ser encaradas en esta vida. Esperar hasta despues de la muerte es obviamente demasiado tarde, porque, “…está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio…(Heb. 9:27).”

Para aquellos que reconocen que la tumba no es el final de la existencia de uno, Satanás tiene otras mentiras, tales como sobrevivir de espíritu y reencarnación—nuevamente esto es bien facil de refuter (ver TBC, sept. 1998). Es el pensar en el juicio y castigo eterno que la mayoría de los creyentes (y muchos que dicen ser cristianos) hallan bien dificil de aceptar. E intimamente relacionado está la pregunta problematica, ¿por qué un Dios bueno puede permitir pecado y sufrimiento?

Aquí nos vemos obligados a desacordar con el Calvinismo que dice de todo lo que pasa –cada tragedia y maldad – es exactamente la voluntad de Dios desde la eternidad pasada. Esta creecia pareciera justificar la queja del ateo: “Si tu Dios no puede prevenir todos los sufrimientos y males, él es muy debil para ser Dios; y si él puede y no lo hace, él es un monstruo no digno de nuestra confianza.”

Por supuesto, la simple respuesta es que Dios no es la causa del mal. Es el hombre. Si, Dios permite el mal. ¿Es esto major que generarlo? Obviamente, hay una gran diferencia. La unica explicación del horrible estado de este mundo que suena bien a la consciencia y está declarado en la Biblia (y aquí otra vez nos encontramos en conflicto con nuestros amigos Calvinstas); Dios le dio al hombre libre alberdrío para que voluntariamente y con entendimiento lo amaran y a otros y no sean bestias brutas guiadas por el instinto, o peor, meras marionetas a las cuales Dios mueve con los hilos.

Entonces, la única manera de eliminar el mal de este mundo sería aniquilar la raza humana, porque como Jesús dijo, “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios…(Mateo 15:19).” La condenatoria verdad de que “Engañoso es el corazón [mi corazón, su corazón]  más que todas las cosas, y perverso… (Jer. 17:9),” no es facil de encarar. A nosotros nos gusta culpar a los demas—Una cosa que la psicología anima a seguir, al enseñar que nunca es mi culpa, sino la culpa de mis padres, la sociedad, la circunstancias, “choques fuertes,” etc. El primer paso hacia la cura es asumir la culpa nosotros y voluntariamente encarar las consecuencias.

Asi que el hombre es un pecador, y el pecado debe ser castigado. Lo que la Biblia declara hace sentido, y toda consciencia lo sabe: cualquier penalidad prescripta por la ley, debe ser pagada. Si Dios no castigara el pecado, Él lo estaría aprobando. El mayor problema en nuestra sociedad hoy, es que la falta de castigo produce una puerta giratoria en prisiones, votos matrimoniales, los que pasan a ser insignificantes y son quebrantados con apenas una pizca de pena [culpabilidad] o remordimiento, sin temor por las consecuencias, y nada de comprensión para con los demas, porque como dice Pablo, “por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia…(1 Tim. 4:2).” Este es el mundo que el hombre ha hecho. Este no es el mundo que Dios hizo. El hombre fue creado a la imagen de Dios para reflejar el mismo caracter de Dios en cada pensamiento, palabra y hecho. Pero Él tenía que hacerlo tan conocedor y voluntarioso, no como un robot o un juguete de cuerda. El tenía que tener libre albedrío para que pudiera voluntariamente y en amor cumplir los propositos de Dios para su existencia.

Adán y Eva voluntariamente decidieron desobedecer a Dios, consiguientemente se destruyeron a si mismos de como Dios los había hecho. El pecado lo ocaciona, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Rom. 3:23).” No interesa cuantas buenas obras se hagan en el futuro, no podrán pagar el pecado del pasado. Por la misma definición de quien es Dios, Él no puede tolerar la rebellion en Su universo. Él hechó inmediatamente a Adán y Eva del idílico paraiso que Él había creado para ellos—aunque no sin antes, sinpática y cariñosamente, ofrecerles una alternativa. Ellos y sus descendientes podrían reconciliarse con Él, en Sus terminos, por supuesto—o sufrirían eterna separación, no simplente del Jardín sino de Su santa presencia. La decisión era de ellos y de sus descendientes.

Habiendo sido creados para confraternizar con Dios, quien les había dado la vida y quien solo podia sustentarlos, la separación de Él fue, por supuesto, sentencia de muerte. Dios lo aclaró desde el comienzo. Él le había dado a Adán y Eva el mandato mas facil que pueda haber—de cientos (y quizas miles) de árboles en el Jardín, ellos se debían abstener de comer solamente un fruto. ¡Eso era todo! Y Dios claramente les avisó, “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás (Gen. 2:17).” La muerte no estaba en el fruto, sino en la desobediencia.

Ni siquiera un individuo puede jugar un juego sin reglas. Ciertamente, es mas que razonable que Dios tenga reglas en Su universo. Sin las leyes físicas, el universo (si pudiera acaso existir) sería un caos inimaginable. Que el hombre sea un ser moral requiere leyes morales, y permitirle quebrantarlas sin castigo acarrearía caos moral. Vemos esto en menor escala en familias donde bien intencionadas, pero tontamente padres indulgentes, por no castigar a sus hijos constantemente, cada vez que quebrantan las reglas, los entrenan a ser rebeldes. El niño rápidamente aprende que puede hacer lo que se le de la gana y entonces le arruina la vida a todos los demas.

La vida misma nos enseña lo tonto que es preguntar el por qué debería haber castigo por el pecado. Todos saben por qué esto debe ser así, sea que lo admitan o no. Y aquí mismo encontramos un serio tropiezo para la fe de muchas personas. Sin lugar a dudas la Biblia enseña que el castigo por el pecado es eterno. Jesús claramente avisó sobre el infierno y se refirió a “el infierno… fuego que no puede ser apagado (Marcos 9:45).”

“¿Por qué? es la inevitable queja. “¿Por qué el castigo por el pecado tiene que ser eterno? ¡Esto parece ser muy severo! ¿Por qué Dios no puede castigarnos por diversos períodos de tiempo de acuerdo a los pecados de cada uno, y despues perdonarnos? ¿Por qué Dios sentencia a alguien, incluso a Hitler, al castigo eterno? ¿Por qué el lago de fuego tiene que ser eterno?” La respuesta se encuentra en quien es Dios y en el hecho de que “creó Dios al hombre a su imagen, (Gen. 1:27).” Consideremos cuidadosamente lo que esto significa.

La penalidad por el pecado es muerte. Obviamente, la muerte nos separa de la vida—pero la vida proviene de Dios, así que la muerte nos separa de Él, el Dador-de-Vida. Entonces, no hay cura para la muerte, excepto por los pecadores que llegan a ser puros y santos a la vista de Dios en orden de ser reconciliados con Él. Contrariamente a la creencia católica romana en la purgación del pecado en las llamas de algún imaginario “purgatorio,” ningún castigo al pecador podría jamas limpiarlo de sus pecados.

Dios es perfecto en santidad y no puede confraternizar con pecadores. No es una cuestion de política—de si una blanda actitud pueda o no incentivar el pecado. El tema es quien Dios es, la misma naturaleza de Su ser. Él no puede tener complicidad con el mal, no puede retractarse en Su palabra, ¿No puede? No, no puede: “Él no puede negarse a sí mismo (2 Tim. 2:13).” Y por eso la pena del pecado es muerte eterna—¡no exterminación, sino separación de Dios para siempre!

Voluntario desafio a Dios no puede ser tolerado. Esto no es rudeza por parte de Dios, sino es la inevitable consecuencia del pecado. Una transgresión en las leyes morales de Dios no pueden ser permitidas tanto como no pueden ser permitida la transgresión de las leyes fisicas. Los resultados son exigidos por la misma naturaleza en el hecho mismo y por Dios quien ha sido contaminado. La ley de gravedad no puede repentinamente ser revertida (¡solo en este caso, por favor!) por una persona que cayendose del último piso de un edificio de 50-pisos, donde se cayó accidentalmente, saltó, o fue empujado.

Dios ha pronunciado la penalidad por el pecado. Y si el se retracta de Su Palabra, ¿Cómo podríamos creer entonces todo lo demas que Él dijo? Por la misma definición de quien Dios es y por la naturaleza del pecado, la penalidad del pecado debe permanecer. Pero para el hombre es imposible pagarla; solo Cristo pudo, y lo hizo. La prueba de que Él pagó la penalidad en su totalidad es que Él conquistó la muerte y se levantó de la tumba. El único remedio para la muerte es la resurrección. Jesús dijo, “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente (Juan 11:25-26).”

Nadie ha experimentado la muerte en su horrible totalidad y finalidad—esto es proverbialmente separación de Dios, el “lago de fuego…la Segunda muerte (Apoc. 20:14)—nadie, sino Cristo, quien “[gustó] la muerte por todos (Heb. 2:9).” Por eso en ese momento, al tomar nuestro lugar bajo el justo juicio de Dios, Él gritó en agonía desde la Cruz, “¡Mi Dios! ¡Mi Dios! ¿Por qué me has abandonado (Mateo 27:46)?”

El hombre rico en el infierno es un lamentable ejemplo de ceguera spiritual hasta la muerte. El estuvo toda su vida tratando de satisfacer su innata sed espiritual por Dios con riquezas y progreso. Y ahora en el infierno, él no puede evitar la trágica desilusión. Su lengua fisica está en la tumba con su cuerpo muerto, pero él se imagina que está sediento de sed fisica—y le pide a Abraham que envie a Lazaro con solo “la punta de su dedo” acarreando una gota de agua fisica para refrescar su “lengua” (lucas 16:24). El despreció el “agua de vida” cuando Dios se la ofreció, y ahora en el infierno, él ni siquiera reconoce la naturaleza o la causa de su sed. Toda su vida él buscó satisfacer fisicamente la sed spiritual, y ahora esa sed estará encendida para siempre por el agua de vida que el despreció cuando estaba disponible para “el que quiera (Apoc. 22:17).”

Jesús dijo, “si alguno tiene sed, venga a mí y beba (Juan 7:37);” y de los rabinos Él dijo “y no queréis venir a mí para que tengáis vida (Juan 5:40).” Un trago de agua natural tiene tan buen gusto por la misma razón que la sed es tan molesta: el agua es esencial para nuestro cuerpo físico. Por consecuencia, el lago de fuego será el tormento de un quemarse en la sed spiritual mas allá de lo que se pueda describir por la misma razón que el Cielo será una satisfacción mas allá de nuestra actual imaginación.

La sed del quemarse que no puede ser satisfecha en el lago de fuego nunca terminará por la misma razón que el ecstasy en el Cielo no cesará por toda la eternidad: “En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre (Sal. 16:11).” Dios nos hizo para Él mismo, por Su amor, Su gozo, Su confraternidad. El estar separado de Él en muerte, es el agonizar en eterno tormento por lo que los redimidos en el Cielo experimentan.

Pueda que nosotros totalmente nos despertemos en esta vida a la verdad de nuestra eterna herencia para que así podamos amar y alabar nuestro Señor como debemos, sin esperar llegar al cielo para hacerlo. Y podamos ser usados por Dios para despertar muchos no-salvos a venir a Cristo y beber del agua de vida mientras ellos todavía tienen la oportunidad.



“¿POR QUÉ?

Título en inglés: “Why?”
© Periódico Editado en Julio 2004 por Dave Hunt
Publicación: “The Berean Call”
P.O. Box 7019, Bend, Oregon 97708-7019, Estados Unidos
“[Los Bereanos]…escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” Hechos 17:11

Traducción: Albert Gomez
© Permiso de traducción por el Departamento Editorial TBC, Abril 2003.
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