Grande es el Misterio
      
Por Dave Hunt
Mayo 2003

A pesar de miles de años investigando el universo y la super tecnología que la ciencia hoy en día con la ayuda de las computadoras, aun así, no sabemos nada comparado con lo que hay por saber. No sabemos que es energía, que es gravedad, luz, o espacio. Refiriendose al espacio físico, el astrónomo británico Sir James Jeans declaró que, “Nosotros todavía no estamos al tanto de la realidad última”
      Mucho menos sabemos lo que es la vida. Los seres vivientes estan hechos de máquinas químicas. El secreto de la vida, de todos modos, no radica en la correcta combinación de las químicas por las cuales los seres vivientes son construídos. La ciencia busca descubrir como es la vida impartida por lo que es contrario: la materia muerta, esperanzada en revertir el proceso de la muerte y conseguir crear vida eterna. Pero este secreto nunca será encontrado por el hecho de estar examinando criaturas vivientes, porque la vida que ellas tienen no les es propia.
      Nosotros sabemos que Darwin nunca se imaginó que la vida está basada en la información codificada en el ADN. Indiscutiblemente, la información no se origina en el medio por el cual es comunicado (papel impreso, sonido, videocasete, ADN, etc.).
      Información se puede originar solamente por una inteligencia. Claramente, la información que proveen las instrucciones para la construcción y operación de máquinas increíblemente pequeñas y complejas, las cuales hacen células vivientes, sólo pueden ser originadas por una inteligencia que está mas allá de nuestra capacidad de entendimiento.
      Jesus declaró ser la Fuente de vida: “…Yo soy la resurrección y la vida…” (Juan 11:25). – Y Él lo corroboró dejando su vida y levantándose de la muerte. Él dijo, “Nadie me la quita [mi vida], sino que yo de mi mismo la pongo y tengo poder para volverla a tomar…” (Juan 10: 17-18). Y así Él lo hizo.
      Hay, de todos modos, algo mas vital que vida física. Indudablemente, hay un lado no-físico del hombre. Las palabras e ideas conceptuales expresadas (incluyendo aquellas impresas en el ADN) no son parte dimensional del universo físico. La idea de “justicia,” por ejemplo, no tiene nada que ver y no puede ser descripta en término de alguno de los cinco sentidos. Esto pertenece a otra realidad.
      Los pensamientos no son físicos. Estos no se originan en la materia, ni ocupan espacio. Nuestro cerebro no piensa, sino seríamos prisioneros de unos cuantos gramos de materia dentro de nuestros craneos y estaríamos esperando por las últimas órdenes que pueda darnos. El hombre no solamente tiene vida física sino también vida “inteligente.” ¿Cuál pude ser su origen/causa/procedencia/principio/fuente?
      De Jesus dijo, “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4). Cristo declaró, “…Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). Esta referencia no es a la luz física sino a la luz espiritual de la verdad---otro concepto abstracto sin relación alguna con el universo físico.
      “Verdad” nos lleva mas allá de la vida animal; esto no tiene sentido para los animales. Su “inteligencia” no sabe nada de amor, moral, compasión, misericordia o entendimiento, sino que está limitado al instinto y condicionado a responder a los estímulos. B. F. Skinner trató de ajustar al hombre en el mismo molde, pero nuestra habilidad de formar ideas conceptuales y expresarlas en habla, no pueden ser explicadas en términos de reacciones de respuesta/estímulo. Hay un precipicio impasable entre hombres y animales.
      La inteligencia no es física porque es concebida y usa componentes no-físicos, los cuales claramente no se originan con el material del cerebro o del cuerpo. Esto nos lleva mas allá del universo físico, dentro de la realidad del espíritu. Nosotros no sabemos que es el alma, o el espíritu, o el significado de Dios “Dios es Espíritu” (Juan 4:24) quien “…a imagen de Dios lo creó …” (Gen. 1:27).
      Dios nos ha dado suficientes pruebas en lo que podemos verificar, para hacernos confiar completamente en Su Palabra, lo que sea que ésta declare relacionada con cosas que no podemos comprender totalmente. Aquí es donde la fe cabe. Hay mucho, que aunque no podamos entenderlo, sabemos que es verdad. Este es el caso, por ejemplo, con la realidad de que Dios no tiene principio ni fin. Esto dificulta nuestras mentes, pero sabemos que es así.
      Mientras la ciencia busca explicar los secretos del universo, esta omite a su Creador. El universo solamente puede guiar al hombre a un final sin salida, en vista que el conocimiento principal está escondido en el Dios que trajo todo a la existencia.
      Aunque no sean adoradores de ídolos, en un sentido primitivo: los cientificos,  profesores universitarios, ejecutivos de negocios y líderes políticos, no interesa que brillantes sean, al no conocer a Cristo encajan en la descripción de Romanos 1. Aquellos que rechazan el testimonio del universo y adoran la creación en cambio del Creador. También es posible que los cristianos sean atrapados por esta misma ambición materialista y perderse  lo que Dios nos ofrece en Él mismo.
      El serio deseo de Pablo fue que todos los creyentes pudieran alcanzar “…todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col. 2:2-3).
      Nuestro conocimiento en cuanto a lo físico y espiritual en su mejor exponente, es limitado. Pero un día sabremos totalmente cuando estemos con Cristo en nuestros cuerpos glorificados: “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido” (1 Cor. 13:12). Cuando en Su presencia nosotros conozcamos totalmente a Cristo, como verdaderamente Él es, todas las limitaciones se desvanecerán, incluso nuestra falta de fuerza para vencer al pecado: cuando lo veamos “…seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2). ¡Conocer a Cristo es todo!                                
      El conocimiento secular perseguido por nuestras universidades mira en la dirección equivocada. Los tesoros en sabiduría y conocimiento escondidos en Cristo nunca pueden ser descubiertos por investigaciones científicas, solamente pueden ser reveladas por Su Espíritu, a través de Su Palabra a aquellos que en Él creen.
      El concepto de un verdadero Dios, el cual existe eternamente en Tres Personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo), es rechazado incluso por algunos que dicen ser cristianos.
      Aunque esto es enseñado a través de todas las Escrituras, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo.   Considerando: “…desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo…” Seguramente el que habla, quien ha estado en existencia por siempre, debe ser Dios mismo. Es más, Él declara, “…y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu” (Isaias 48:16). Nosotros no podemos comprender el misterio de la Trinidad; aunque no hay mas razón para dudar de ella que para dudar de cualquier otra cosa que nosotros conocemos es real, pero no podemos comprender.
      Si Dios fuese un ser singular (como los musulmanes creen es Allah y la mayoría de los judios creen es Jehová), Él tendría que haber creado criaturas en orden de poder experimentar amor, compañerismo y comunión. El Dios biblico es amor en Él mismo, manifestando pluralidad en la Divinidad: “Porque el Padre ama al Hijo…” (Juan 5:20).Dios debe ser uno; pero Él debe abarcar tanto la singularidad como la pluralidad.
      Solamente Dios puede pagar la penalidad infinita que Su justicia requiere por el pecado. Pero esto no sería justo, porque “Dios no es hombre…” (Num. 23:19). La encarnación por consiguiente es esencial—pero imposible si Dios fuese un ser singular; “…el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1Juan 4:14). Fue Jesus quien murió en la cruz, no el Padre, ni el Espíritu Santo. Tampoco podría ser un simple hombre, siendo finito, pagar una deuda infinita. A travez de todo el Antiguo Testamento, Yahweh proclama que Él es el único Salvador (Isa. 43:3,11; 45:15,21; 49:26; Osea 13:4, etc.). Por lo tanto Jesus tuvo que ser Yahweh, pero también hombre. Cuando Dios el Hijo vino a ser hombre El no dejó, ni podía dejar de ser Dios. Jesus por lo tanto fue Dios y hombre.
      ¿Cómo pudo Dios llegar a ser hombre? De nuevo, esto solo es posible por la Trinidad. El Padre no se hizo hombre, ni el Espíritu Santo. Aunque no podamos enterder esto, sabemos que debe ser así. La penalidad por nuestros pecados es infinita porque Dios y Su justicia son infinitas. Consecuentemente, aquellos quienes rechazan el pago por intermedio de Cristo serán separados de Dios para siempre.
      Como pudo levantarse la maldad en el universo “bueno” de Dios (Gen. 1:31) es un misterio—“…el misterio de iniquidad…” (2 Tes. 2:7). El cual alcanzará su plenitud en el Anticristo a travez del cual Satanás regirá el mundo. En el Anticristo, Satanás se manifestará en la carne, como Dios fue y es en Cristo.
      Satanás debe ser brillante mas allá de nuestra comprensión, aparentemente después de Dios, el único en poder y entendimiento. Es un misterio que Satanás, habiendo conocido intimamente la santa y gloriosa presencia de Dios en Su trono, no pudo jamás haberse atrevido, mucho menos deseado rebelarse. ¿Cómo pudo haber jamás imaginado que él podía derrotar a Dios? ¡Ciertamente esto es un misterio!
      Satanás no fue criado en un “hogar desfavorecido” o un barrio malo, ni siquiera fue “abusado cuando niño.” Ninguna de las excusas corrientes de rebelión y conducta egoísta aceptada por los psicólogos cristianos se aplica a Satanás—o a Adan y Eva. El aceptar cualquier explicación del mal que no se ajusta a ellos es estar engañado. Ciertamente el diagnóstico popular de hoy en día de “baja autoestima” o una “pobre imagen propia,” ¡no fue el problema de Satanás!
      Las Escrituras dicen que se enalteció de orgullo: “…oh querubín protector…Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura…” (Eze. 28:17). Aparentemente el es un autoengañado egocéntrico cegado por el orgullo en su propio poder y habilidades.
      Aquí está el misterio de iniquidad: en la misma presencia de Dios, en el corazón del querub más cercano a Dios, la maldad principal fue concebida. Por una decisión fatal, el más hermoso, el más poderoso e inteligente ser angelical pasó a ser por todo el tiempo el mal principal: el archi-enemigo de Dios y del hombre, el “…gran dragón…la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero” (Apoc. 12:9; 20:2).
      Pablo nos avisa que un hombre no debe pasar a ser anciano hasta que esté maduro en la fe, “No un neófito no sea que envaneciendose caiga en la condenación del diablo” (1 Tim. 3:6). Esto nos dice nuevamente que el orgullo causó la caída de Satanás—y es el pecado acusador del hombre también.“Antes         del quebrantamiento es la soberbia. Y antes de la caída la altivez del espíritu” (Prov. 16:18).
      También es un misterio que Eva pudiera creer las mentiras de la serpiente que contradecían lo que su bondadoso creador había dicho. Adan no fue engañado (1Tim. 2:14); sin duda por el amor a Eva, y no queriendo separase de ella, él se unió en desobediencia sabiendo las consecuencias. De todos modos, esto permanece en misterio: que cualquiera pueda rebelarse contra Dios, y que cualquiera elija los placeres del momento a cambio de la separación eterna de Dios.
      El corazón de este misterio es la inteligencia autónoma en los seres creados quienes claramente tienen algo llamado “propia voluntad.” Al menos algunos ángeles (Satanás y aquellos quienes se unieron a su rebelión) y todos los hombres tienen poder para elegir. En desiciones sobre creencias o acciones, a pesar que la evidencia pueda gravitar, la razón principalmente se pone a un lado a fin de inclinarnos ante el trono del sí-mismo. Nosotros somos nuestros propios peores enemigos.
      El sí-mismo/propio-yo tuvo su horrendo nacimiento cuando Eva decidió desobedecer por todos sus descendientes. Cristo dijo no hay esperanza excepto al negarnos a sí mismos (Mat. 16:24). Y el único modo que pueda ser hecho eficazmente es abrazando la cruz de Cristo como la nuestra propia, tanto que podamos decir con Pablo, “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi…” (Gal. 2:20).
      La solución al mal por medio de la encarnación es también un misterio: “…grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria” (1 Tim. 3:16).
      “Dios fue manifestado en la carne.” ¡Qué misterio! ¿Qué Dios pueda haberse hecho feto en el vientre de María? Juan el Bautista siendo un feto de 6 meses de edad saltó en el vientre de Elisabet reconociendo que María estaba embarazada del Mesías, ¡Asombroso!
      “Visto de los ángeles.” Estos seres celestiales deben haber observado en asombro; el cual ellos habían conocido como Hijo de Dios, uno con el Padre, por como mínimo 6.000 años de tiempo en la tierra (nosotros no sabemos cuanto antes los ángeles fueron creados), fue creciendo en el vientre de la virgen María, para pronto nacer un bebé necesitado del cuidado y  de la leche de su madre—verdaderamente un hombre, aunque al mismo tiempo Dios. ¡Misterio de misterios!
      “Predicado a los gentiles.” El apostol Juan habla con temor de este Uno de quien dice “…lo que hemos oido…visto con nuestros ojos…hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó)” (1 Juan 1:1-2). En su evangelio Juan dice, “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y verdad” (Juan 1:14).
      Sí, “creído en el mundo.” Ciertamente Juan creyó, como lo hizo Pablo, que Jesús el Mesías de Israel fue verdaderamente “Dios manifestado en la carne.” Para ser cristiano uno debe creer que Jesucristo es Dios venido como hombre para redimirnos. Qué amor el venir de tan alto para descender tan bajo--¡para ser rechazado, odiado, malentendido, burlado, calumniado, desnudado, azotado y crucificado por aquellos que Él vino a redimir!
      “Recibido arriba en gloria.” Su sacrificio es aceptado por el Padre, Él es glorificado a la “mano derecha del Padre” y está allí intercediendo por nosotros (Rom. 8:34). Pero incluso antes de la gran reunión en Su presencia en la casa del Padre, “…mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos (nosotros) transformados de gloria en gloria en la misma imagen…por el Espíritu del Señor” (2 Cor. 3:18).
      Seguramente, si la encarnación es el gran misterio de la santidad, entonces para nosotros vivir vidas santas debemos tener a Cristo morando dentro nuestro y viviendo Su vida a través nuestro, “…Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos…” (Col. 1:27-28). Esta es la “esperanza a que él os ha llamado” la cual Pablo oró para que los santos de Efesos pudieran entender. Pedro explica que Dios “…nos llamó a su gloria eterna…” (1 Pedro 5:10). Nosotros vamos a ser como Cristo. ¡La gloria que los discipulos contemplaron en Cristo será manifestada en nosotros!
      Nosotros somos transformados por Su Palabra, la Verdad de la Palabra en la cual apropiamos para nutrimiento espiritual.  Las instrucciones escritas que Dios habló en el ADN, las cuales son esenciales para la vida física, presenta un poderoso retrato de “…palabras que…son espíritu, y…vida” (Juan 6:63). Esta es la viva Palabra de Dios, la cual cuando creemos (1 Pedro 1:23-25), crea y nutre la vida espiritual.






UNA APELACIÓN A LA RAZÓN

Título en inglés: “Great is the Mystery”
© Periódico Editado en mayo 2003 por Dave Hunt
Publicación: “The Berean Call”
P.O. Box 7019, Bend, Oregon 97708-7019, Estados Unidos
“[Los Bereanos]…escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” Hechos 17:11

Traducción: Albert Gomez
© Permiso de traducción por el Departamento Editorial TBC, Abril 2003
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A menos que se indique de otra manera, las citas de las Escrituras en este periódico se han tomado de la Bíblia Reina Valera, revisión de 1960.

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