BENDIGAMOS AL SEÑOR

Por Dave Hunt
Septiembre 2005

Nosotros siempre estamos buscando que el Señor nos bendiga y esperamos y oramos para que Él lo haga, especialmente cuando tenemos una necesidad urgente.  Pero, ¿quién realmente piensa en bendecir al Señor?  Y aún así, el uso repetido de esta expresión en la Escrituras nos indica claramente que debemos hacerlo; Y para que Dios sea bendecido ésta bendición tiene que manifestarse de alguna manera para que vaya más allá de ser sólo palabras de alabanza y Dios tienen que ser bendecido con un regalo de parte del ser humano que sea de gran valor.   La manera en que David describe su bendición a Dios parece que pusiera tal bendición más allá de la capacidad humana de exhortar a nuestro Creador: “Bendeciré al Señor en todo tiempo; mis labios siempre lo alabarán.  Mi alma se gloría en el Señor; lo oirán los humildes y se alegrarán.  Engrandezcan al Señor conmigo; exaltemos a una su nombre” (Salmo 34:1-3)  ¿Puede el mero hombre magnificar y exaltar al Dios infinito que le dio la existencia? Eso parece imposible.

¡Indudablemente, somos unas criaturas tan insignificantes que sería inconcebible que pudiéramos bendecir al Dios Santo, el Creador infinito del universo, quien controla todo y a todos! ¡Eso sería demasiado para que uno se pueda imaginar!  No somos nada y tampoco tenemos nada: todo pertenece a Dios.  Así como el Rey David dijo refiriéndose a las ofrendas que Israel trajo para la edificación del templo: “Tuyo es todo cuanto hay en el cielo y en la tierra.  Tuyo también es el reino... tú eres el dueño de todo, y lo que te hemos dado, de ti lo hemos recibido... de ti procede todo cuanto hemos conseguido para construir un templo a tu santo nombre. ¡Todo es tuyo!” (1 Crónicas 29:11, 14, 16)  Nosotros solo podemos dar a Dios lo que Él en su gracia y misericordia nos ha dado a nosotros.  Así como dice el himno:

Nada tengo sino sólo lo que recibí,
Gracia me ha sido dada desde que yo creí,
Sin alarde, ni jactancia y sin orgullo,
Yo soy sólo un pecador salvado por la gracia de Dios,
Esta es mi historia, a Dios sea dada la gloria,
Yo soy sólo un pecador salvado por la gracia de Dios.

“Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir” (Job 1:21)  Entonces la pregunta sería ¿Poseemos nosotros algo que podríamos darle a Dios y por lo tanto bendecirlo? ¡Por supuesto que no!  Y aún así leemos constantemente en la Biblia de aquellos que “bendicen al Señor” y frecuentemente somos exhortados a hacer lo mismo.

Además, el lenguaje de las Escrituras parece indicar que cada uno de nosotros tenemos algo único que Dios creó y nos los ha dado a nosotros, algo inapreciable que tenemos que devolvérselo a Dios, por que de otra manera podríamos perderlo todo.  Este obsequio, regalo, con el cual podemos bendecir a Dios debe ser algo que de otra manera Él nunca podría tenerlo. Algo que Él no nos podría quitar  y tampoco podría crear como algo suyo.  Y devolviendo esto a Dios, nosotros lo glorificamos, lo magnificamos y lo bendecimos.

La enseñanza bíblica nos presenta con una de las más poderosas lecciones que cada uno de nosotros debería aprender.  Pero aquí observamos un conflicto profundo entre los cristianos, una volátil, inestable diferencia de opinión acerca de la soberanía de Dios que la preferiríamos evitar.  Pero aunque quisiéramos no lo podríamos evitar porque este tema en particular emerge continuamente a través de las Escrituras.  El desacuerdo no es si Dios es soberano.  Ambos lados están de acuerdo de que Él siempre ha estado en “control absoluto” de todo el universo, todavía lo está y siempre lo estará.  El desacuerdo está (sí, desafortunadamente hay un desacuerdo) cuando uno formula la pregunta: ¿Qué quiere decir que Dios es soberano y en control absoluto de Su universo?

Los cristianos encuentran un gran consuelo cuando se acuerdan, especialmente en tiempos de dificultades, que “Dios sigue en el trono, Él está controlando todo.”  Eso es verdad pero tampoco hay que olvidarse que Dios también estaba en control de todo cuando Satanás se rebeló y se llevó muchos ángeles con él.  Dios estaba indudablemente en su trono cuando Adán y Eva desobedecieron el mandamiento que Él les dio, y fue por ésa actitud rebelde, terca e intencionada, que causó el pecado el cual nos ha traído sufrimiento y muerte hasta nuestros días.  En circunstancias iguales Caín asesinó a su hermano Abel, en sangre fría, y “todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal... la tierra está llena de violencia” (Génesis 6:5, 13) y “la maldad del ser humano en la tierra era muy grande... (el Señor) se arrepintió de haber hecho al ser humano en la tierra, y le dolió en el corazón” (Génesis 6:5, 6)

Todos estamos de acuerdo de la soberanía de Dios, que sin lugar a dudas Él sigue en su trono y controlando todo el universo.  Y aún así, también debemos decir que lo maligno sigue creciendo al mismo tiempo que la pena, el sufrimiento, las enfermedades y la muerte están devastando, arrasando y haciendo estragos en las criaturas que Él hizo en Su imagen y semejanza y por las cuales Él sufre constantemente en amor y compasión.  ¿Por qué tiene que ser así?

Indudablemente que Dios no está feliz que el maligno saquee y robe Su creación.  En realidad Él estaba tan apenado por la maldad de la humanidad que Él la hubiera destruido si no hubiera sido por Noé que halló gracia ante los ojos del Señor. ¡Nadie puede decir que la terrible realidad del maligno arrasando toda la creación como una plaga fue precisamente en la forma que Dios lo hubiera querido o que Él predestinó esta creación para que las cosas sucedieran exactamente como ha ocurrido! Él ha sollozado por 3,000 años por los pecados de su nación Israel, enviando a Sus profetas noche y día, año tras año, advirtiéndoles del arrepentimiento para que Él no se viera forzado a verter Su ira sobre ellos (Jeremías 7:3, 25; 11:7; 25:4, 5; 29:19; 32:33; 35:14,15; 44:4, etc.) rogándoles continuamente, “Oh, no hagan éstas cosas abominables que Yo odio”

Seguramente, si Dios odia al pecado, y desde luego que es así, Él no podría ser el origen de algo tan maligno como es el pecado. Y aún así, esta ha sido la historia de la humanidad a través de todos los siglos, la maldad ha seguido aumentando a pesar de todas las súplicas y advertencias de parte de Dios.  Los avances tecnológicos de hoy en día añaden a la soberbia y rebeldía del hombre hasta el punto que él puede agitar su puño enclenque en la misma cara de su Creador.  Obviamente, el hecho que Dios esté en Su trono y en completo control de todas las cosas no quiere decir que las rebeliones no ocurran y tampoco que no suframos enfermedades, penas, dolores, pérdidas y muerte.  La pregunta es ¿Quién está dispuesto a entregarse totalmente a Dios hasta el punto de decir lo que dijo Job, “He aquí, aunque Él me matare, en Él esperaré” (Job 13:15)?

No se puede concebir que la maldad del hombre, la cual Dios odiaba en ése entonces y que odia aún en nuestros tiempos actuales, fue algo que Dios deseó y desea ahora para la humanidad.  ¿Quién se atreve a decir que la maldición inevitable y el eterno tormento de billones de Sus criaturas en el lago del fuego, que es exigido por Su santidad y por Su justicia, es exactamente la manera que Dios lo ha querido?  Y aún así, hay personas que dicen eso exactamente, declarando que Dios realmente no ama a todos los seres humanos o que realmente no quiere salvar a todos, que Cristo no murió por todos y que Dios predestinó aquellos billones de seres humanos al sufrimiento eterno.  Las personas que enseñan estos conocimientos son por lo general gente sincera y sin malas intenciones, pero al comunicar esta clase de enseñanza estos individuos reducen a Dios a un nivel más bajo en el cual Dios es menos amoroso y menos misericordioso que nosotros mismos.

¿Cómo pueden estas personas justificar tal doctrina?  Ellos creen honestamente que están defendiendo la soberanía de Dios.  ¡Lo que no entienden es que Dios permite que lo maligno exista pero no lo origina!  Estas personas equivocadamente se imaginan que si algo ocurre, ya sea bueno o malo, y que Dios de alguna forma no lo ha originado eso quiere decir que Él no es soberano.  Ellos rehúsan considerar la obvia realidad (respaldada por cientos de versículos bíblicos) sobre la soberanía que Dios dio al hombre la responsabilidad moral y el poder de obedecer o desobedecer a Su creador, de amarlo o de odiarlo.  Este concepto es crucial y debe estar bien claro en nuestras mentes y tiene que ser aceptado como verdad irrefutable porque de lo contrario, la obediencia y la recompensa y el resto de la Biblia misma, no tendría ningún significado.  

El concepto que Dios es soberano no significa que nada pueda ocurrir que Él no lo origina.  Si ése fuera el caso, entonces tendríamos que concluir que Dios origina cada cosa maligna que Él odia, lo cual es una obvia contradicción no sólo en lógica pero en carácter.  Confusión sobre este punto le da justificación a los ateos cuando dicen: “Si el Dios de ustedes no puede eliminar lo malo, el dolor y el sufrimiento, entonces es un Dios muy débil. Y si, por otra parte, Él lo puede hacer y no lo hace, entonces es un monstruo y no es digno de confianza”.  Hay, por supuesto, una obvia respuesta a este dilema y sólo una: Dios en Su soberanía  ha dado a la humanidad el poder genuino de libre elección y no lo va a quitar,  Dios puede presionar, persuadir, o pedir al ser humano, pero no puede forzarlo a hacer algo en contra de su voluntad porque si fuera así Él destruiría la misma criatura que Él ha creado.  Recuerdan el intercambio de cartas durante la masacre en Columbine:

Dios mío, ¿por qué no salvaste a los niños escolares en Litteton, Colorado?
(Firmado) Sinceramente, Un estudiante afectado.

Querido estudiante afectado:
Por orden de la Corte Suprema de la nación, Yo no estoy permitido estar en las escuelas.
(Firmado) Sinceramente, Dios.

Este mundo pecaminoso, lleno de sufrimiento y muerte no es el resultado de las obras de Dios; esto es el resultado de lo que el hombre, con el poder de responsabilidad moral, ha ocasionado por haber actuado en una manera irresponsable en contra de la voluntad de Dios.  O si no es así ¿Por qué Jesús nos dijo que oráramos de la siguiente manera? “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10)  si la voluntad de Dios fuera a ocurrir de todas maneras ¿Por qué Jesús se entregó totalmente al Padre diciendo “... no se haga mi voluntad, sino la tuya?” (Lucas 22:42)

Si alguna vez hubo personas que se rindieron completamente a la voluntad de Dios fueron los cinco misioneros que fueron martirizados por los indios Auca en Enero 8, 1956.  Su canción favorita era, “Nosotros descansamos en ti, oh Señor, nuestro escudo y nuestro defensor.  No marchamos adelante solos para enfrentar al enemigo.  Poderosa es tu fuerza, vamos seguros en tu afectuosa compañía, descansamos en ti, oh Señor, y en tu nombre seguimos adelante”.  Mi esposa y yo estuvimos en una cena un día domingo en la casa del tío de Jim Elliot (que era uno de los misioneros) y cantamos esa canción de confianza y alabanza  junto al piano con Jim Elliot, Pete Fleming, Ed y Marilou McCully.  Esa noche fue nuestra despedida a Jim y a Pete un poco antes que se embarcaran rumbo al Ecuador.  Ed y su esposa se quedaron unos meses más para poder terminar un curso misionario médico y después se unieron a Jim y a Pete.

Ed era mi amigo más íntimo.  Fue una noticia terrible cuando nos enteramos de las muertes de estos tres soldados de la cruz (junto con otros dos que no conocíamos) que se habían entregado totalmente en las amorosas manos de Dios.  La realidad de que Dios estaba en Su trono y en control no evitó lo que en ese entonces pareció que fue un desastre terrible, pero trajo mucha gloria a Su nombre y muchas almas fueron redimidas años después a causa de ese incidente.

Dios no hubiera podido forzar a estos misioneros para que se deleitaran en Su voluntad aún al borde de la muerte, esto lo hicieron ellos espontáneamente y era la pasión de sus corazones.  Ni tampoco Dios podría forzar a nosotros a que lo adoráramos a pesar de no entender lo que estaba ocurriendo, que siguiéramos confiando en Él y tratar de buscar lo bueno en una mala situación.  Nuestra confianza en Él y nuestra adoración hacia Él son cosas que Dios no puede quitarnos pero Él es bendecido cuando nosotros voluntariamente le damos estas alabanzas y depositamos enteramente nuestra confianza en Él.  Dios fue magnificado y exaltado por la feliz entrega de nuestros corazones en sumisión a Su voluntad y confiando plenamente que Él sabe lo que es lo mejor para nosotros.

El primer uso de la frase, “Bendice al Señor”, es una exhortación a Israel: “Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado” (Deuteronomio 8:10)  en otras palabras, nosotros tenemos que darle el agradecimiento a Dios que Él se merece por sus regalos y dones que nos ha dado a nosotros.  No debe ser una alabanza rutinaria ni mecánica, como si fuera una fórmula para conseguir mas bendiciones.  El agradecimiento debe proceder sinceramente del corazón en reconocimiento de nuestras inhabilidades, nuestras limitaciones y nuestra dependencia total en Él.  Este agradecimiento espontáneo y sincero proveniente del corazón, reconociendo que no merecemos su misericordia, no puede ser programado o obligado por Dios.  Por lo tanto, es algo propio de nosotros con lo que cada uno puede bendecir a Dios por Sus grandes bendiciones que Él nos da.

David urgió a la gente de Israel a proporcionar los materiales necesarios para edificar el templo.  Cuando vio que la gente traía abundantemente “se alegró mucho el rey David, y bendijo a Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo.  Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas.  Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos... Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre... Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos... Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada; por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, reunido aquí ahora, ha dado para ti espontáneamente” (1 Crónicas 29:9-17)

Durante el período de avivamiento ocurrido en los tiempos de Nehemías, los levitas ordenaron a la gente: “Levantaos, bendecid a Jehová vuestro Dios desde la eternidad hasta la eternidad; y bendígase el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición y alabanza... Tú eres, oh Jehová, el Dios que escogió a Abram... y le pusiste el nombre Abraham... e hiciste pacto con él para darle la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y del gergeseoc, para darla a su descendencia; y cumpliste tu palabra, porque eres justo.” (Nehemías 9:5-8)  Después de éstos párrafos siguen una historia larga de cómo Dios sacó a los israelitas de Egipto, los mantuvo en el desierto a pesar de su rebelión, y los trajo a la tierra prometida; Los israelitas durante este tiempo desobedecieron a Dios, fueron restaurados, desobedecieron otra vez, se dedicaron a la idolatría, fueron perdonados y restaurados; el ciclo continuó hasta que Dios finalmente a su pesar, los dejó por su cuenta. El reconocimiento de las pacientes súplicas de Dios al pueblo de Israel, año tras año, y su infinita justicia en juzgar el pecado de ésta nación, debe originar en nosotros una bendición hacia Él que no se podría obtener por fuerza, debe ser ofrecida deseosamente desde el corazón.

David urgía continuamente de sí mismo y al pueblo de Israel de “Bendecir al Señor”.  Él declaró “en las congregaciones bendeciré a Jehová” (Salmo 26:12), indicando que el bendecir al Señor no debe ser dado solamente de nuestros corazones hacia Él, pero también debe darse en público.  Además debemos bendecir al Señor continuamente.  Otra vez, David es nuestro ejemplo: “Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca.  En Jehová se gloriará mi alma; Lo oirán los mansos, y se alegrarán.  Engrandeced a Jehová conmigo, Y exaltemos a una su nombre” (Salmo 34:1-3)

¿Qué tan a menudo debemos bendecir al Señor? ¿Cuántas veces Él nos ha guiado, nos ha proveído, nos ha evitado de caer en la tentación, nos ha protegido y sustentado? ¿Cuántas veces le hemos agradecido por todas Sus misericordias y le hemos dicho que lo amamos? ¿Ha hecho usted eso hoy día? ¿Ha tenido comunión con Él con un corazón derramando de gratitud y alabanza? ¡Eso lo bendice al Señor!

Debemos recordar al Señor cuando tenemos necesidades y suplicamos por Su bendición, pero ¿nos acordamos de bendecidlo cuando todo esta caminando bien?  Dios se lamenta: “...mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables días” (Jeremías 2:32)  ¿Es la vida tan ocupada que la gente de Dios no tiene tiempo para que alabanzas y agradecimiento broten deseosa y espontáneamente de sus corazones para alabar y agradecer al Señor por Sus bondades y por Su gracia?

¿O tal vez la vida está tan llena de esfuerzos para cubrir cada contingencia financiera, o para poder lograr el potencial máximo que uno pueda alcanzar en ésta tierra para finalmente poder jubilarse cómodamente y sin darse uno cuenta que lo que hacemos es tratar de encontrar nuestra esperanza en éste mundo en vez de buscar al Dios infinito, creador del universo?  Dios se lamenta a través de Jeremías: “Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos; desolaos en gran manera... Porque dos males han hecho mi pueblo; me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” (Jeremías 2:12, 13) ¡Bendigamos al Señor constantemente desde la profundidad de nuestro ser!  De ésta manera, no sólo traeremos gozo a nuestro Dios pero nos convertiremos en pozos de agua viviente brotando con una vida constante y perpetua, derramando ésta agua viviente a otros que tanto la necesitan.



Título en inglés: “Bless the Lord”
© Periódico Editado en septiembre 2005 por Dave Hunt
Publicación: “The Berean Call”
P.O. Box 7019, Bend, Oregon 97708-7019, Estados Unidos
“[Los Bereanos]…escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” Hechos 17:11

Traducción: José Victor Delgado
© Permiso de traducción por el Departamento Editorial TBC, Abril 2003.
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A menos que se indique de otra manera, las citas de las Escrituras en esta circular se han tomado de la Biblia Reina Valera, revisión de 1960.

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